Categoría: En la misma orilla

Poemas

1.

 

regresas
al punto de partida
después de asumir la nieve y el sahumerio de una ciudad
desconocida por el padre
siempre a la espera del hijo con quien dialogar del mundo
del sinuoso camino a lo improbado Leer más…

Poemas

A)

Hay suavidad en el viento tardío de los puertos. Gravitan los barcos en el temor
de cada continente.
El deshielo, la muerte de los símbolos, el nacimiento de los signos, las grandes
edificaciones que nos ideologizaron
.- son  accidentes de nuestros goces. Leer más…

Blanco sobre negro y La náusea

Blanco sobre negro

Escritor a la sombraTenía todo preparado. Los folios, a la izquierda. Bolígrafos, dos de cada color −rojo, azul y negro−, a mi derecha. El ordenador, en el centro. La silla, muy cerca de la mesa, con el cojín para los riñones, dos paquetes de cigarrillos y un vaso de whisky con hielos. Así me imaginaba la mesa de un escritor, aunque todo revuelto. Caótico. Leer más…

Memorias de 100 y Aldabó

Introducción

 

La prisión más temible de CubaSi eres de los que ha oído hablar de la crueldad del régimen castrista, de lo infernal de sus cárceles y de sus métodos de tortura física y psicológica, pero no conoces los detalles, este libro es para ti.

Pero si eres de los que aún cree en el mito de la Revolución Cubana, tienes a su líder como un ídolo y como un paradigma de revolucionario, y eres de los que piensa que ese sistema tiene grandes logros sociales, instituciones al servicio del pueblo y respeta los derechos humanos, este libro no es para ti, pues quedarás decepcionado al terminar de leerlo. Leer más…

Armandito

 

Me llamo Armandito, así me bautizó Don Armando desde el día en que pasé a ser propiedad suya en la tienda de fierros.  Don Armando es el más experimentado de los carniceros en muchos kilómetros a la redonda, sé que me quiere a pesar de mi vejez, porque sigo cortando bien y puede decirse que mi vida no ha sido inútil como la del puñal de Borges, aunque existen peros y cuestionamientos, en fin, no todo puede ser perfecto, no todo puede limitarse a la nítida pureza de los cortes que hago, ni a la exactitud con que logra Don Armando calcularlos, en error de unos pocos e imperceptibles gramos.  Leer más…

Noveno círculo

Leo y releo el libro que voy a escribir.
Edmond Jabès

The way we had come was all we could see.
John Ashbery

 

 

Canto I

Noveno círculo, novela de René FuentesAhora estamos aquí, Rampa abajo, en La Habana. Corto de un tajo mis pensamientos y trato de meterme en la sonrisa y en las conversaciones de los cubanos que pasan. No pensar, no representar, ir por la isla con los pies ligeros y como escudo un vacío firme. Ser extranjero: ésta debe ser mi meta. Así me ven, así me hablan, así me tratan en cada lugar que pregunto, en cada tienda, en el hotel. Así ven a la parte de mi familia que traje y me acompaña. Nadie antes de entrar me lo exigió, pero una parte de mí ya está domesticada y sabe que no debo quemar otra vez con palabras las comodidades del silencio obediente que, después de catorce años de castigo, me permitió entrar. Leer más…

La última novela de José Luis Muñoz

Patpong Road, José Luis MuñozOriente no tiene una explicación racional, no se entiende a primera vista, entra por los sentidos y sale, a la misma velocidad, por la razón, pero fascina. A mí. Ocurre como con las mujeres, no se puede razonar porque te enamoras de ellas. Es su olor, la amalgama de ruidos, la terrible humedad, la estática belleza de sus muchachas, el caos de sus ciudades, su música electrizante. Leer más…

La sangre del Tequila (VII)

Me sentía abrumado, como la heroína de una novela de amor. En la misma medida en que dudaba, me retractaba, reanalizaba, tomaba una decisión a las 10 de la mañana y la decisión contraria 15 minutos después, y de nuevo la anterior tres minutos más tarde.  Comprendía que estaba clavando más y más mis piernas en la Nada. Perdí el gusto por algo que para bien y a veces para mal me había identificado siempre y que a la par tantos percances me había traído: mirar a las mujeres, observarlas, escrutarlas, imaginarme partícipe de sus células, olfatearles desde lejos sus interiores. Eso digo: solo paladearlas con la vista; hasta esa manía, antes incontinente, había perdido yo entonces, no hablemos ya del intento de acercarme a otra mujer, de intentar tenerla. Leer más…