De decenios y gepuntos,
de calidad humana y profesional

Carlos Aguilar

 

Conocí a David G. Panadero justo hace diez años. O sea, los que ahora cumple su creación más emblemática, Prótesis. Encima, le conocí durante la presentación del primer número. Por añadidura, nos presentó un amigo común que también ostenta un “gepunto” entre uno de los nombres y otro de los apellidos, Frank G. Rubio. ¿Recordamos ahora que introduje ambos en una soberbia publicación, Quatermass, creada y dirigida por otro “gepunto”? No veo por qué no; se trata de Javier G. Romero. Esotérica coincidencia, prefiero pensar, antes que admitir una casualidad prosaica. Y lo pienso mientras felicito por su labor a David, una persona buena, pero buena de verdad y no de pose ni de salón, y un profesional con un entusiasmo desbordante, al que me une una amistad entrañable y con quien he colaborado a gusto en más de un proyecto que sobresale mi obra.