Panadero no es un tipo normal

Ricardo Bosque

 

Panadero no es un tipo normal, supongo que incluso él mismo es consciente de ello. Porque no es normal, creo que coincidirán ustedes conmigo, que un hombre hecho y derecho, sin tragos en el cuerpo, amenice al respetable con su voz de barítono el viaje de Getafe Negro al centro de Madrid con canciones tan improbables como los himnos de Cantabria o Extremadura, para pasmo del conductor del vehículo -de Vallecas como el cantante- y de parte del pasaje, aunque algunos ya habíamos tenido ocasión de conocer las dotes artístico-musicales del interfecto en esas veladas nocturnas, interminables e inolvidables del hotel Don Manuel de Gijón.

Panadero no es un tipo normal porque, en un momento en que se llevan las tapas duras y tochos de 600 páginas, un tipo normal no se lanza a publicar su primera novela en ese formato pequeño que tan grande hicieron escritores como Silver Kane, Curtis Garland, Ralph Barby o Marcus Sidereo, esas novelas de a duro, auténticos libros de bolsillo que podían transportarse en el trasero del pantalón. Así, en la estupenda Los viejos papeles rinde homenaje Panadero a este formato -que no al tipo de narración habitual en ese soporte-, homenaje que habría resultado perfecto si hubiera optado por firmar con uno de esos sonoros seudónimos anglosajones. David (pronunciado Deivid) G. Baker, por ejemplo.

Panadero no es un tipo normal, porque a un tipo normal no le da por montar, partiendo de escasos o prácticamente nulos recursos económicos, una revista en formato impreso dedicada al género negro cuando el común de los mortales teníamos nuestro punto de mira en los formatos digitales. El resultado, la revista Prótesis -fundada hace ya diez años-, cada uno de cuyos números distribuidos hasta la fecha no deberían faltar en ninguna estantería que se preciara de un cierto gusto por el crimen de ficción.

Y echando la vista atrás compruebo que fue por entonces, en 2002, cuando conocí a David en algo que podría calificarse como precedente de las actuales redes sociales, una simple lista de correo integrada en sus inicios por una treintena de incondicionales del género a la que muchos llegamos a través de la Gangsterera de Zeki Pérez. Una lista de correo que, resulta innegable, contribuyó a conformar una telaraña criminal que, seguro, ayudó al resurgir del género en España, con la puesta en marcha de diversos proyectos, independientes entre sí pero remando todos en la misma dirección.

Diez años han pasado ya. Una década prodigiosa en la que, en el terreno televisivo, se ha impuesto un nuevo formato de entretenimiento que pasa por descubrir entre las gentes anónimas del país a presuntos talentos artísticos en general y musicales en particular, con los Operación Triunfo, Factor X, Tú si que vales o el más reciente -que no novedoso- El número uno. En cualquiera de ellos Panadero se podría haber dado vidilla y, quién sabe, tal vez ahora estaría haciendo bolos en verbenas veraniegas.

Afortunadamente, Panadero fue sensato siquiera por una vez y, con su renuncia a una prometedora carrera en el mundo de la farándula, tal vez perdimos a la voz más potente y cautivadora del siglo XXI pero, a cambio, ganamos una referencia indiscutible de un género por el que, llegado el caso, seríamos capaces de matar.