El cine de Europa mira a América:
(II) The Mission

Alfredo Antonio Fernández

The Mission, de Roland Joffé (1986)A diferencia de Queimada (1969) del director italiano Gillo Pontecorvo (1921), que se vale de un relato ficticio sobre la historia de El Caribe en el siglo XIX para iluminar el trasfondo de esclavitud colonial de Europa en América, The mission (1986), del director Roland Joffé (Inglaterra-Francia, 1945), elige el camino opuesto y propone un filme, en el cual, texto y contexto, se refieren a una obra literario-historiográfica1.

El texto, es el del libro The lost cities of Paraguay, de Clement J. McNaspy, hecho guión de cine por Robert Bolt2.

El contexto histórico, el de las guerras guaraníes (1754-1756) que tuvieron lugar en un área en disputa entre los imperios de España y Portugal al sur y al este del río Uruguay3.

El director enfrentaba un doble reto: (1) un documental de éxito del tipo National Geography Magazine que fuera del pasado (libro de McNaspy) al presente (restos arqueológicos de las misiones jesuíticas en Sudamérica) y viceversa (2) un filme de ficción aburrido por el empeño en (re) construir en detalles el pasado.

Vale decir, de inicio, que ambos obstáculos fueron salvados.

The Mission conjuga el rigor histórico con una calibrada dramaturgia que mantiene a los espectadores pendientes del próximo evento, no importa que haya ocurrido dos siglos antes de la mise en scene.

Gran parte del éxito se debe a la labor interpretativa de los actores Jeremy Irons (Padre Gabriel), Robert de Niro (Rodrigo de Mendoza) y Liam Neeson (Padre Fielding)4.

 

La naturaleza

The Mission se desarrolla en un medio exuberante, la selva y las cataratas del Iguazú, pero a los protagonistas no “se los traga la selva” como ocurre en las novelas latinoamericanas del tipo La vorágine, de José Eustacio Rivera.

En el filme, vemos el acercamiento de la cámara a los conflictos humanos en primer plano, seguido de planos de fondo rebosantes de luz y color.

Es, sin dudas, un filme doblemente bello: por la calidad artística con la que fue realizado y por la belleza del paisaje donde fue concebido.

Y cuando hablamos de calidad artística nos estamos refiriendo en particular a la música del compositor italiano Ennio Morricone.

Morricone aplica de nuevo la fórmula musical ecléctica de Queimada, que consiste en una mezcla de temas sacros (Bach) con música de tonalidades africanas y árabes.

Pero esta vez, si se quiere, el riesgo es mayor, se trata de una alternancia o contrapunto musical a lo largo del filme entre dos grandes temas.

En el empleo temático de “España”, sobresale el sentido litúrgico tradicional. En el tema “Guaraní”, se impone el estilo de los nativos y el uso de instrumentos musicales indígenas.

Al final, sobreimpuesto a la muerte de los indígenas y la desaparición de las comunidades jesuitas, se escucha, insólito, un vibrante coro de voces indígenas que canta el “Ave María” en lengua nativa.

 

Cristianismo vs. Paganismo

Jeremy Irons, The MissionParalelo a los valores estéticos, está el drama de los protagonistas, tan intenso, que relativiza el majestuoso paisaje de fondo.

Las primeras imágenes carecen de diálogo, los ruidos son los propios de la selva y los torrentes de agua. En una secuencia deslumbrante a la vez que reveladora, los indios atan a una cruz a un fraile, lo arrojan al río “a su libre albedrío” para que se desplome desde lo alto de la cascada.

La cruz cae en el vacío de forma invertida: el cristianismo nada tiene que hacer en la selva habitada por gente poseída por el demonio.

Un nuevo fraile, el padre Gabriel (Jeremy Irons) viene en relevo del que fue asesinado. La historia a punto de repetirse: los indios acechan al fraile que avanza por la selva. A punto de consumarse un nuevo crimen, el padre Gabriel apela a la curiosidad de los nativos, sopla un oboe, los encanta con la música y escapa a la muerte reservada a los que invaden la selva.

 

La civilización

La figura del padre Gabriel, de “demonio invasor”, deviene el “buen dios” que “civiliza” a los indígenas, les enseña el catecismo, hace que cultiven bananas, trabajen en talleres de carpintería, edifiquen una iglesia con hojas de palma, fabriquen instrumentos musicales, aprendan a tocarlos y canten a coro himnos litúrgicos.

La labor humanista del padre Gabriel valida en América el slogan de las órdenes monacales de la Edad Media en Europa: ora et labora5

Los padres Gabriel y Fielding son responsables de la economía, la sociedad, la cultura y la defensa del territorio. Su gran logro, las misiones guaraníes que, como la del filme, crearon los jesuitas en el siglo XVIII6.

Al verlas en la pantalla, se tiene la impresión que ese estado de vida natural, propio de una economía mixta que combinaba la propiedad individual y la comunal, el autoconsumo y el trueque de mercancías, tan cercano al ideal cristiano de edificar el “paraíso en la tierra”, pudo durar una eternidad de no haber sido por la intromisión de España y Portugal y el arribo a las misiones de todo tipo de “soldados de fortuna”, “buscadores de tesoros”, “bandeirantes” y tropa de los ejércitos coloniales.

 

La barbarie     

El primero en llegar a “el paraíso” es un mercenario y esclavista.

Rodrigo de Mendoza ha pasado parte de su vida ocupado en secuestrar indígenas que luego vende en los mercados de esclavos de las plantaciones vecinas, como la de Cabeza, el Gobernador de España en la región.

Robert de Niro, The MissionMendoza arrastra por la selva su fama de “cazador de esclavos” y la culpa de haber asesinado a su hermano menor Felipe -al cual encontró en la cama con su mujer- en un simulacro de duelo a espadas y cuchillos.

El gobernador Cabeza, encarcela a Mendoza, y es en prisión, mientras se debate entre los remordimientos del crimen pasional, que el reo empieza a expiar la culpa.

La lógica del filme, al llegar a este punto, se asemeja al de una parábola religiosa. El padre Gabriel visita a Mendoza en la celda, le propone un pacto, que se entregue “en cuerpo y alma” a la labor misionera, así se redimirá y obtendrá la absolución de los pecados.

En una vívida secuencia visual, se ofrece la respuesta que Mendoza da al padre Gabriel. Al igual que los monjes medievales, que se flagelaban y cargaban cilicios ante la imagen de Cristo en la cruz, Mendoza, con mil dificultades, avanza cuesta arriba de la cascada del Iguazú mientras arrastra un fardo en el que guarda sus pertenencias: casco, cuchillo, armadura, espada, todos del mejor acero toledano.

Una y otra vez, Mendoza pierde el paso en el farallón, el fardo rueda por el escarpado precipicio; una y otra vez, Mendoza baja al lecho del río a buscar los “fierros” hasta que los pierde en medio de la corriente.

Mendoza llora la pérdida material, aunque ésta termina por “liberarlo” espiritualmente, al aceptar la mano que le tiende el padre Gabriel para escalar el farallón.

A partir de entonces, comienza su conversión al dogma católico. El antiguo “soldado de fortuna” devenido “misionero jesuita” acepta los votos de la orden monacal de la mano del padre Gabriel, su mentor espiritual, en una primitiva iglesia de hojas de palma, rodeado de indios guaraníes.

 

El poder

El resto de los “malvados” de la lista negra lo forman los gobernadores coloniales de España y Portugal, Cabeza y Hontar.

Hasta 1750 (Tratado de Madrid), el territorio guaraní estaba protegido por la ley española. Las tierras son transferidas a Portugal, cuyas leyes favorecen a la esclavitud. Los portugueses quieren esclavizar a los guaraníes. Si lo intentan, tendrán de enemigos a los jesuitas. Para resolver el conflicto, el Vaticano envía como mediador al cardenal Altamirano.

Altamirano debe elegir “el menos diablo” entre dos demonios. Si vota por Portugal, los guaraníes serán esclavizados; si vota por los jesuitas, éstos serán expulsados de los dominios de Portugal y se producirá un cisma en la Iglesia Católica.

En medio de la difícil coyuntura, el Cardenal va de recorrido por las misiones. Se sorprende del progreso en educación, economía y evangelización. Alerta al padre Gabriel, los indios deben abandonar las misiones ante el eventual ataque de los españoles y portugueses.

El padre Gabriel cree que la violencia es un crimen contra Dios, rechaza prepararse militarmente. El padre Mendoza retoma la espada y, “manu militari”, organiza la defensa del territorio indígena.

Al final, en una u otra forma, el trío de misioneros-soldados (Mendoza, Fielding, Gabriel) serán asesinados mientras la banda sonora deja escuchar los cánticos religiosos de miles de indígenas al ser masacrados por los ejércitos de España y Portugal.

Un diálogo final entre el gobernador portugués (Hontar) y el cardenal Altamirano –quien a su vez, es el narrador implícito del filme- pone aun más de relieve los puntos de vista del poder espiritual y el terrenal en la disputa de las misiones jesuitas.

Hontar, a modo de disculpa por la matanza realizada, asegura  que “Hay que actuar tal como el mundo es”. Y el cardenal responde “No, así hemos hecho al mundo. Es así, como lo hemos hecho”.

La disputa teológico-imperial se cierra favorablemente para la iglesia: un grupo de niños guaraníes, después de la masacre, se acercan sigilosamente en canoas. De entre las aguas y el fango salvan algunos de los utensilios creados en los talleres de carpintería de la misión. Y reman en dirección de la profundidad de la selva, donde se supone han logrado sobrevivir.

En pantalla, la frase bíblica “La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencerán”, sirve de epitafio a este poco conocido pasaje (Las guerras guaraníes de las siete misiones) de la historia colonial latinoamericana.

En resumen, The Mission es un filme que reivindica la actuación de la Iglesia en América, al lado y en defensa del pueblo creyente. No importa que el hecho (las guerras guaraníes) hayan tenido un carácter de excepción– por el acentuado sentido de religiosidad- en un continente, en el cual, a diferencia de Europa, las guerras religiosas o de sucesiones dinásticas, nunca fueron el centro de los conflictos sociales y políticos que dieron lugar a la independencia o a la formación de las repúblicas y/o de los estados nacionales.

The Mission, por otra parte, aunque anclada la trama en el siglo XVIII, consciente o inconscientemente, llama la atención de los espectadores hacia ciertas actitudes del clero del pasado siglo XX o del contemporáneo, que se debate entre acusaciones de pedofilia, estar al servicio de los intereses de los poderosos o mantener cordiales relaciones con dictadores.

Notas del artículo

  1. Roland Joffé, con sus filmes Killing fields (1984 ) sobre los campos de exterminio del régimen comunista de Pol Pot en Cambodia y The Mission, sobre la destrucción de las comunidades jesuitas en América del Sur en el siglo XVIII, se ganó el favor de la crítica y el público. No así sus filmes posteriores The scarlet letter (1995) y Captivity (2007).
  2. El reverendo Clement J. McNaspy (1916-1995), perteneció a la orden de los jesuitas, fue historiador, musicólogo, lingüista y profesor de Loyola University. Entre sus escritos se encuentra The lost cities of Paraguay (1982).
  3. Las guerras guaraníes, también llamadas “Las guerras de las siete misiones”, es un capítulo poco conocido de la historia de América colonial. Ocurrieron en un área en disputa entre España y Portugal sobre el río Uruguay. Allí se asentaban los indios al amparo de la orden de los jesuitas y del Tratado de Madrid (1750). Entre 1754-1756, las misiones fueron atacadas por un ejército de españoles y portugueses. El saldo fue terrible, más de mil indios muertos y solo tres soldados europeos, aparte de la dispersión en la selva de los pocos sobrevivientes de la masacre.
  4. En los Oscar Academy Awards, The Mission tuvo seis diferentes nominaciones . En los BAFTA Film Awards, tuvo 11 nominaciones. En Cannes Film Festival, obtuvo la Palme d”Or y el Technical Grand Prize. En el Golden Globe Awards, tuvo 5 nominaciones.
  5. Las misiones jesuitas para indios guaraníes fueron creadas en territorios de Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia. Del conjunto, sobresale la de San Miguel, en Brasil, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1983, que parece haber servido de locación para The Mission.
  6. En las descripciones de viajeros de Indias, aparecen detalles de la estricta vida religiosa comunal que compartían los frailes con los aborígenes. Si se tocaba la campana, estuvieran o no ocupados, debían parar la labor y acudir a la iglesia. También era obligatoria para los indios y sus familias la asistencia a la misa.

Del Autor

Alfredo Antonio Fernández
(La Habana, Cuba) Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana, Master en Estudios Latinoamericanos en la UNAM, México y Doctorado en Español de la University of Houston, Estados Unidos. Ha publicado: El Candidato (Premio de la Unión de Escritores de Cuba, 1978), Crónicas de medio mundo (relatos, 1982), La última frontera, 1898 (novela, 1985), Del otro lado del recuerdo (novela, 1988), Los profetas de Estelí (novela, 1990), Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso (Premio Razón de Ser de Novela, 1989), Amor de mis amores ( novela, Planeta, México, 1996) y Adrift: The Cuban raft people (Rockfeller Foundation Grant, 1996; Arte Publico Press, Estados Unidos, 2001). Reside en los Estados Unidos.