José Antonio Saco ante la historia cubana

Leonel Antonio de la Cuesta

“Aquí yace José Antonio Saco que no fue anexionista porque fue más cubano que todos los anexionistas”.

Epitafio escrito por Saco1.

 

José Antonio SacoAl leer un artículo aparecido en un periódico cubano publicado en Suecia constaté que en un listado de cubanos ejemplares aparecía el nombre de José Antonio Saco. Esto me hizo cobrar conciencia de lo poco conocida que es la biografía de este polígrafo bayamés y de la necesidad de  aclarar su exacta situación dentro del palmarés de los cubanos beneméritos de los siglos pasados.

Comenzaré por lo indiscutible. Saco fue un enemigo acérrimo de la anexión de Cuba a los Estados Unidos y por ello merece el reconocimiento y la exaltación correspondiente, pero ese gran mérito no le da carta de naturaleza en el elenco de los grandes de nuestra nacionalidad. Veamos por qué.

 

Hoja de vida de Saco

Comenzaré por una breve biografía. José Antonio Saco y López-Cisneros, nació en Bayamo el 7 de mayo de 1797. Vio la luz en el seno de una familia pudiente, su padre José Rafael Saco y Anaya, era juez de Primera Instancia de Bayamo y poseía una considerable fortuna personal. Sin embargo, a la muerte del padre su cuantiosa herencia se consumió en un largo pleito, por lo cual la mayor parte de la vida de José Antonio Saco la pasó en la pobreza y vivió gracias a la generosidad de amigos ricos2, especialmente José Luis Alfonso, marqués de Montelo, conocido entre sus amigos por Pepé. Saco estudió en Bayamo y Santiago de Cuba y de allí pasó a La Habana para matricularse en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio donde fue discípulo del padre Varela. Se gradúo en Derecho y Filosofía por la Universidad de La Habana y mucho más tarde hizo estudios de química en La Sorbona de París. Al ser electo el padre Varela como diputado a las Cortes de 1812, Saco con veinticuatro años lo sustituyó en la Cátedra de Filosofía, la cual dejó más tarde a cargo de José de la Luz y Caballero. Tuvo una activa vida en las principales instituciones cubanas de la época y en 1844 fue desterrado a Trinidad por el general Tacón por ejercer una excesiva influencia en la juventud cubana. Pasó enseguida a los Estados Unidos y allí fue redactor de El Mensajero Semanal dirigido por el padre Varela. De los Estados Unidos se trasladó a Londres donde contrajo matrimonio con Dolores Frías, viuda del general Narciso López. Tuvieron dos hijos, María Cristina y José Aurelio y criaron a Narciso López Frías. Han circulado rumores de que en algún momento Saco fue bígamo pero no he podido encontrar indicio alguno de ello. Posiblemente fue un infundio de Cirilo Villaverde, el insigne novelista, quien fuera acérrimo enemigo político de Saco. Igual que Varela y Martí vivió la mayor parte de su vida en el exilio (Francia y España principalmente) aunque como ellos vivió y actuó siempre en pro de la libertad (aunque no de la independencia) de su patria. Fue electo tres veces diputado a Cortes, aunque nunca pudo tomar posesión de su cargo. La última vez en 1879  la fue muerte quien se lo impidió.  Igualmente participó como miembro de la Junta de Información en la que actuó brillantemente. Su obra escrita abarca los temas más diversos3. Su vasta producción hace que se pueda considerar como un polígrafo de primera categoría. Fue además un polemista insigne y su epistolario es digno de mención. No tuvo, sin embargo, intención de estilo y no fue poeta.

 

Saco político

Si observamos la cuadrícula de su biografía (1797-1878) nos damos cuenta que perteneció a las primeras generaciones de políticos cubanos, que se inician con la Guerra de Independencia española (1808) y se manifiestan con el correr de los años en varios movimientos, a saber: reformismo, anexionismo, autonomismo y separatismo, más los defensores del statu quo u españolistas. Saco fue un reformista puro. El maestro Ramón Infiesta definió al reformismo diciendo: “Hay quienes se conforman con esperar del Gobierno Metropolitano la rectificación de sus métodos y por ende la satisfacción de las necesidades insulares mediante la adaptación del status quo a las necesidades coloniales: son los reformistas”4. El propio Infiesta (pp. 77 y ss.) identifica dos períodos reformistas, uno centrado en la figura del capitán general Francisco Dionisio Vives y el otro en la del capitán general Francisco Serrano Domínguez. Sería posible hablar de un tercer período cercano al fin de la dominación colonial. Saco fue toda su vida un reformista de tomo y lomo y jamás permitió que se le situara en el marco de ningún otro movimiento político cubano. Creía, como heredero de la Ilustración, en la teoría del progreso necesario de los pueblos y le parecía absurdo dar crédito a ninguna otra teoría política a pesar de que su larga experiencia en la vida pública cubana le enseñara la inutilidad de esperar algo del Gobierno Metropolitano, dada la red de intereses creados entre todos los partidos y grupos políticos peninsulares en alianza con los partidarios del status quo en la Isla.

Sin embargo, hay que anotar en su haber su constante y contundente crítica al régimen colonial, su ataque a la trata de esclavos y su anti anexionismo radical. En su debe, hay que consignar su falta de apoyo a la causa separatista, la ausencia de oposición a la abolición absoluta e incondicional de la esclavitud y, especialmente, su racismo. Saco identificaba a Cuba con los cubanos blancos cuyo número quería ver crecer. Su ideal era que: “No por medios violentos o revolucionarios, sino templados y pacíficos [conseguir] la disminución, extinción si posible fuera de la raza negra”5. Era un verdadero caso de etnofobia, o mejor, de negrofobia. Saco llegó al extremo de pretender que los negros esclavos y libres fueran contados en el censo a los efectos de determinar cuántos diputados se debían elegir en cada circunscripción electoral, pero sin que los hombres de color pudieran ser electores activos o pasivos. Para él los únicos cubanos con derecho cívico eran los blancos de sexo masculino. Sabemos que esa negrofobia era corriente en su época pero resulta imperdonable en una mente tan lúcida y en una inteligencia superior como la suya. Por otra parte, recuérdese que en 1884, un lustro tras el deceso de Saco, las grandes potencias se reunieron en Berlín para repartirse el África con el fin de civilizarla… Sin embargo, en Cuba tras los sangrientos hechos de la revolución haitiana que culminó en 1804 se temía un alzamiento de los negros si se intentaba por la fuerza la separación de España. No obstante los negros habían estado presentes en la Conspiración de Román de la Luz, en la de Aponte, en la de los Rayos y Soles de Bolívar y en la de la Gran Legión del Águila Negra. De estas solo la de Aponte se inspiró en el ejemplo de Haití. Fueron la espina dorsal del Ejército Libertador en la Guerra de los Diez años iniciada por un prócer blanco, Carlos Manuel de Céspedes y terminada por un general mulato, Antonio Maceo. Con razón el Titán de Bronce echaba pestes de Saco6. Este racismo degrada sin duda la estatura patriótica de Saco tan alejada de la creencia martiana de que “cubano es más que blanco, más que mulato y más que negro.” aserto publicado en el periódico Patria del 16 de abril de 1893.

Para mí el más importante mérito político de Saco, como ya dije, fue su ataque sin cuartel al anexionismo. Infiesta resume sus argumentos en tres apartados: el primero, la razón política, pues la anexión traería una guerra internacional que dejaría a Cuba asolada; la segunda, la razón social, pues tras la devastación del país Cuba sería poblada por estadounidenses que acabarían por producir su absorción por los Estados Unidos, como acababa de ocurrir en Tejas y tercera, la razón patriótica. Cuba en el futuro se podría desarrollar lenta pero inexorablemente hasta alcanzar su libertad sin necesidad de unirse a los Estados Unidos7. Aquí se ve claramente la aplicación de la ya mencionada teoría del progreso necesario de los pueblos, hoy totalmente desacreditada.

Con todo, no puede negarse que Saco fue el primero de los grandes políticos cubanos de su tiempo. Varela no pudo serlo por su preferente dedicación al apostolado religioso, ni tampoco Arango y Parreño por su condición de alto funcionario de la Corona española.

Por lo expuesto, considero que a Saco no puede echársele en el basurero de la historia, pero tampoco puede considerársele como un héroe nacional por su miopía en la cuestión de definir la nacionalidad cubana y su negrofobia a ultranza. Fue un intelectual metido a político y esto raramente da buenos frutos. Murió en Barcelona en 1878 sus restos fueron finalmente inhumados en Cuba. No sé si el epitafio que escribió figura sobre su tumba.

Notas del artículo

  1. Citado por Jorge e Isabel Castellanos en el volumen segundo de su libro Cultura Afrocubana. Miami: Ediciones Universal, 1990, p. 40.
  2. La Guerra de los Diez años barrió con sus rentas, las de su mujer y las de sus favorecedores. Al fin de su vida tuvo que vender parte de sus libros para no morirse de hambre en Francia donde residía.
  3. Entre sus muchos escritos se pueden destacar: Obras políticas. Paralelo entre la Isla de Cuba y algunas colonias inglesas, Ideas sobre la incorporación de Cuba a los Estados Unidos, La situación política de Cuba y sus remedios. Obras polémicas. Replica a los anexionistas, y su polémica con el erudito gallego Ramón de la Sagra, un raro ejemplar del socialismo utópico. Obras históricas: Historia de la esclavitud. Papeles. Saco llamó papel a todos sus escritos en forma de artículo o ensayo. La colección de estos trabajos se publicó en tres volúmenes cuando Saco residía en París entre los años 1858 y 1859. Después de su fallecimiento se publicó un tomo al que se llamó Colección Póstuma. Entre estos papeles los más importantes al decir de la crítica son: Memorias sobre los caminos de Cuba, Memorias sobre la vagancia en la Isla de Cuba, La supresión del tráfico de esclavos africanos en la Isla de Cuba, Carta sobre el cólera morbo asiático y Los chinos en Cuba.
  4. Vide, Ramón Infiesta Bagés, Historia constitucional de Cuba. La Habana: Cultural S.A., 1952, pp. 61 y 62.
  5. Vide, La introducción de José M. Hernández al libro José Antonio Saco Papeles políticos sobre Cuba (selección). Miami: Editorial Cubana, 2001, p. iii.
  6. No solo Maceo sino muchos más han sido los detractores de Saco aunque abundan sus defensores. Entre los primeros se cuentan Manuel de la Cruz, Enrique Piñeyro, Ramiro Guerra y Sánchez, Herminio Portell Vilá, Raúl Cepero Bonilla, Jorge Castellanos Taquechel y Manuel Moreno Fraginals. Entre los defensores de Saco aparecen: José María Chacón y Calvo, Raúl Maestre, Medardo Vitier, Raimundo Menocal, Vidal Morales, Francisco González del Valle, Fernando Ortiz, Pánfilo Camacho, Eloy G> Merino Brito y Orestes Ferrara y Marino.
  7. Infiesta, Op. cit., pp. 70-72.

Del Autor

Leonel Antonio de la Cuesta
Profesor universitario en los Estados Unidos durante cuatro décadas. Dirigió durante dieciocho años el Programa de Formación de Traductores e Intérpretes de Florida International University. Está acreditado por la American Translators Association y es uno de los principales analistas de Derecho constitucional cubano. Ha publicado varios libros, el último de ellos es Constituciones Cubanas desde 1812 hasta nuestros días.