Antonia Álvarez y su nieve lírica

Enrique Barrero Rodríguez

Dónde la nieve

Antonia Álvarez Álvarez
Diputación Provincial de Soria, 2012
Premio Leonor de Poesía 2011

 

Antonia ÁlvarezLa obra lírica de Antonia Álvarez (Babia, León), lleva algunos años rindiendo hermosos e interesantes poemarios, publicados las más de las veces merced a la obtención de importantes premios y distinciones literarias. Entre ellos, cabría destacar el Premio “Flor de Jara” de la Excma. Diputación de Cáceres, el  Premio Internacional de Poesía “Paul Beckett” de la Fundación Valparaíso o el Premio Poeta “Mario López”.

En todos sus poemarios anteriores, desde La mirada del aire (2006), hasta Recuerda, corazón, (2010), pasando por El color de las horas (2006),  Otoño  (2007), La raíz de la luz (2007),  A pesar de las sombras (2008) y Almas (2010), ha dejado esta leonesa afincada en Asturias la huella de una poesía de pulcra y exigente musicalidad, sustentada en su incuestionable dominio del ritmo y del tiempo poético, una poesía de lúcida y serena emoción sin estridencias, en la que la mirada íntima y reflexiva se tiende sobre el mundo e ilumina los seres y las cosas con un discurso que gravita entre la emoción y la nostalgia; una poesía, en definitiva, que alcanza a transmitir, en opinión de quien esto escribe, una autenticidad, estremecimiento y hondura realmente sinceros y no impostados.

“Cuando el verso brotó de la palabra,/ se vistieron a un tiempo/ las ideas y el mundo,/ y el llanto se hizo música”, ha escrito Antonia Álvarez en un breve fragmento expresivo de su poética y, ciertamente, resulta una esclarecedora definición de su decir, en la que el tiempo parece vestirse elegantemente con el ritmo de una música nacida, en último término, de la sensibilidad y de la emotividad.

Con el presente volumen, Donde la nieve, la autora resultó merecedora del Premio de Poesía “Leonor” de la Diputación Provincial de Soria en su edición de 2011.

Nos habla Donde la nieve, con la sencillez de un susurro, de valles escondidos entre sombras, de la nieve encantada donde viven las églogas de abril y las leyendas, de la extensa largura de los inviernos por donde discurre el río, de un territorio, en fin, de secreta y recóndita hermosura en el que no es aventurado imaginar la infancia o la adolescencia de la autora; paisajes, en suma, sí, mas vestidos de emociones y sentimientos, iluminados por la luz tenue y maravillosa de la vida, vivificados por la fuerza de la sensibilidad, de la intuición y del asombro.  Pues como ha declarado Francisco Álvarez Velasco, buen conocedor de la obra de la poetisa leonesa, los aspectos temáticos dominantes de su cántico podrían resumirse en lo que Machado recogió bajo la expresión de los universales del sentimiento: el paso del tiempo, la muerte, el sentido humano de la existencia, el amor, la soledad sonora, la evocación de la infancia.

No es, por ello,  Donde la nieve, un libro paisajístico al uso, pues el tratamiento lírico del paisaje no se realiza ajustándose a un simple naturalismo descriptivo, a una rutinaria reproducción realista, sino que se trasciende la perspectiva hasta el punto de quedar interiorizado, casi espiritualizado, a través de una percepción emocional que no prescinde en ningún momento del elemento netamente humano ni de la mirada de quien lo contempla. Caracteriza, igualmente a la obra, su cuidada exigencia formal y la pulcritud de su versificación, apoyada en la utilización de endecasílabos y heptasílabos, pues como ha manifestado igualmente el citado Álvarez Velasco uno de los rasgos relevantes de la poesía de Antonia Álvarez es la rigurosa exigencia en el tratamiento de la materia fónica del discurso poético: cultivo de formas clásicas métricas con un excelente oficio en el manejo de rima, medida, acento y ritmo, y en el llamado verso libre, la construcción de estructuras musicales en el texto poético al servicio de la palabra final.

Un poemario, en fin, de honda elegancia expresiva sobre los parajes en los que se enmarca nuestra vida, entre el recuerdo y la nostalgia, sobre la nieve encendida de la existencia y el alumbramiento del sueño y la palabra, con el añadido valor simbólico de haber resultado premiado en tierra tan de nieve y frío, de tan sobria y espiritual belleza, como la vieja y machadiana Soria.