La eterna aventura de T.S.Elliot

Jorge de Arco

La aventura sin fin

T.S.Elliot
Edición de Andreu Jaume
Lumen. Barcelona, 2011

 

T.S.Elliot

Nacido en St Louis, Missouri, en 1865, T.S Eliot arrastró durante toda su vida un peculiar afán de huida, de incesante mudanza. Además de que su biografía está plagada de nuevos hogares, renovados amores, transformaciones interiores, su corpus literario también se vio sacudido por una singular metamorfosis que fue perfilando sin pausa hasta hallar al final de su existencia su ideal más óptimo.

Tras su primer traslado a Boston, en 1914 decidió establecerse en Londres. Allí se casó con su primera esposa,  Vivienne -un matrimonio tortuoso y atormentado que no terminaría sino con la muerte de ésta en un sanatorio psiquiátrico-, y allí decidió bautizarse en la Iglesia anglicana y convertirse en 1927 en súbdito británico. Su pasión europea le granjeó enemistades en su América natal, sobre todo al recibir en 1948 el premio Nobel como escritor inglés.

Pero al margen de estos graduales procesos de cambio, T.S Eliot supo redondear una obra lírica y ensayística de capital trascendencia. Ni la poesía ni la crítica del siglo XX pueden entenderse sin el magisterio de un autor que puso patas arriba los conceptos manidos y anticuados que circulaban por entonces.

El quehacer poético completo de Eliot apenas se reúne en un breve volumen, en el que destacan tres libros imprescindibles `Prufock y otras observaciones´ (1917), `La tierra baldía´ y `Cuatro cuartetos´(1935-1942). Ese nuevo fundamento basado en el correlato objetivo -lo que se hace notar en el poema no es el yo biográfico sino una proyección del mismo-, supuso una revolucionaria tendencia que desembocaba en una acusada impersonalización.

Si bien su legado poético es piedra de toque ineludible, la reciente aparición de `La aventura sin fin´, resulta el complemento idóneo para tener una visión aún más amplia y personal de su testamento ensayístico.

La espléndida edición de Andreu Jaume -y la no menos espléndida traducción de Juan Antonio Montiel- nos acerca una amena antología de textos en donde hallar a Eliot en estado puro. Tanto las notas, como los comentarios a pie de página, ayudan a ilustrar aún más al lector en la búsqueda de la verdadera identidad del genial escritor norteamericano -¿o cabría escribir británico?-.

El prefacio del propio Jaume, es un detallado y certero ejercicio que nos aproxima las claves críticas eliotianas  y nos desvela su ácida reacción contra los victorianos, sus juveniles ataques contra Shakespeare  -de “fracaso artístico” calificó `Hamlet´-, sus preocupaciones a la hora de cómo los poetas resuelven los aspectos técnicos y formales, su devoción por los autores franceses -Baudelaire, Corbière, Verlaine, Laforgue, Mallarmé, Rimbaud…-, sus preferencias por los vates metafísicos, aquellos que tan bien supieron aunar pensamiento y sentimiento -John Donne, Richard Crashaw, George Herbert, Andrew Marvell…-, su silente censura a los románticos, su fascinación por Dante, su predilección por la poesía dramática …

En estos diecinueve ensayos -donde además de los citados también tienen su espacio reservado, Séneca, Milton Byron, Yeats, Gottfried Benn.., – T.S. Eliot, se mofa con elegancia de aquellos que profesan una crítica impresionista que no va más allá de contar y cantar las emociones del yo y que no transciende del posterior y posible goce de la lectura. Cabe recordar que su intención fue siempre jerárquica -no dictatorial, pero sí autoritaria-, es decir, establecer un modelo crítico que parta del conocimiento de la tradición, de los talentos individuales, y se fije en aquello que no va exactamente dirigido al lector, sino a la forma en que esté ordenado el universo vital de éste.

“Los ensayos reunidos en `La aventura sin fin´, demuestran que las indagaciones de Eliot, aunque matizadas y atemperadas con los años y aun a pesar de las convulsiones biográficas de su autor fueron siempre las mismas y responden a una única búsqueda que culminó en `Cuatro cuartetos´”, anota Andreu Jaume en su ilustrativo prologo. Y en esos cuatro cuartetos, en efecto, está su más sonoro legado: una poesía que, nacida del sosiego espiritual, pretende hallar la esencia divina; o lo que es lo mismo, renunciar a lo vivido para desde la desposesión hallar lo eterno.

Los textos aquí antologados recogen de forma cronológica más de cuarenta años al servicio de las letras -de 1919 a 1961- e incluyen tres títulos fundamentales, `Ensayos selectos´ (1932), `Sobre poesía y poetas´(1957) y `Criticar al crítico´ (1965).  Se han dejado fuera sus libros más conocidos, `El bosque sagrado´ (1920) -si bien “Christopher Marlowe” y “William Blake” se publicaron por primera vez ahí- y `Función de la poesía, función de la crítica´ (1937).

Al cabo, una excelente oportunidad para ahondar en uno de los más grandes literatos del pasado siglo, fundador de la poesía moderna. Y más actual.