Nikolái Gumiliov, un benigno testamento

Jorge de Arco

El tranvía extraviado

Nikolái Gumiliov
Selección, traducción y prólogo de José Mateo y Xénia Dyakonova
Linteo. Ourense, 2012

Nikolái GumiliovDurante muchos años, la figura de Nikolái Gumiliov (Kronstadt, 1886 – Petrogrado, 1921) se ha visto silenciada, pues en la Rusia que lo vio nacer, sus textos estuvieron censurados hasta la llegada de la perestroika. Además, su matrimonio con la gran escritora rusa Anna Ajmátova, lo situó en una posición de inferioridad en cuanto al calibre literario de su producción. Por fortuna, a partir de la década de los noventa, su extenso legado poético fue cobrando trascendencia y su meritorio quehacer ha ido saliendo de nuevo a la luz.

Con su habitual esmero, la ourensana Linteo acaba de editar El tranvía extraviado, una excelente oportunidad para adentrarse en el universo de Gumiliov. La selección y  traducción han corrido a cargo de  José Mateo y Xénia Dyakonova. En su aclaratorio prefacio, ambos compiladores revelan las principales claves líricas y humanas del espléndido poeta ruso, y afirman: “Los poemas de Gumiliov están llenos de imágenes vivas y diáfanas. Reluce en ellos lo exótico, el donjuanismo, el vigor y un candor irreductible (…) Si hay ficción, un punto de alambicamiento o ingenuidad, éstos son los de la vida y el pálpito del poeta, no obedecen a una construcción vacía”.

Inmerso ya en el contexto de su decir, el lector descubrirá que para Gumiliov, la poesía era el lugar donde todo sucedía, pues él mismo era consciente de que nada podía hacer que ésta se desentendiera de su libertad y su certidumbre: “Y, símbolo de gracia eterna,/ como un benigno testamento,/ el don de un alto balbuceo/ ha recaído en ti, poeta”. La fuerza de su cántico radicaba en su sinceridad, en el empeño desmedido por demostrar que lo lírico es capaz de vencer el espacio y el tiempo, trascender las fronteras de cualquier teoría o enseñanza estéticas.

En 1905 -contaba tan solo diecinueve años- publicó su primer libro, “El camino de los conquistadores”, título que podría interpretarse como una personalísima declaración de intenciones. Viajero incansable -vivió largas temporadas en Francia, Inglaterra, Italia, fue como expedicionario a África…-, supo aprovechar su atenta mirada por tan atractivos lugares como fuente de inspiración. En 1914, se alistó en el regimiento de Ulanos y combatió en el frente en Polonia y Prusia. Por su valor, fue condecorado dos veces con la Cruz de San Jorge. Sin embargo, su amor por su patria (“Y cuando me veo volver/ en sueños a la patria amada,/ aunque no sé muy bien por qué/ mi corazón se sobresalta”) le costó una muerte cruel e indigna. En agosto de 1921, la Cheka de Petrogrado lo detuvo, y junto con otros sesenta personas, fue fusilado por pertenecer a la “Organización de Combate de Petrogrado”, que pretendía restaurar el régimen zarista a través del llamado “complot de Tagántsev”. En 1992, el juicio a Nikolái Gumiliov fue anulado, y pudo demostrarse que ni tal complot ni tal “Organización de Combate” existieron jamás.

A pesar de su corta existencia, Gumiliov tuvo tiempo de editar siete poemarios, varias obras teatrales, e infinidad de artículos y traducciones. Fue el fundador del acmeísmo -movimiento surgido como pretendida superación del simbolismo al que se adscribieron autores como Ossip Mandelstam, su propia esposa Anna Ajmátova, Mijail Kuzmín,etc-, creó el “Gremio de Poetas”, fundó una revista “Guiperborei” y una editorial con el mismo nombre.

Esta placentera y sobria antología, recorre de forma cronológica inversa la producción gumiliovana. Se inicia con su último poemario -ya póstumo-, Columna de fuego (1921) y recorre sus otros títulos: Pabellón de porcelana (1918), La hoguera (1918), El carca (1916), Cielo ajeno (1912), Las perlas (1910 y 1918) y Flores románticas (1908). Su segundo apartado, recoge textos de publicación dispersa o posteriores a la muerte del autor, y sirven como coda, Los capitanes -ciclo de cuatro baladas-, y el poema en tres cantos, El descubrimiento de América.