Poderoso Caballero es Don Dinero

Amir Valle

IKEAYa se sabe: la frase es de Quevedo. Es decir, nacida en el siglo XVII, cuando supuestamente la humanidad todavía andaba en pañales en esta corrupción en la que muchos nacimos y habitamos. ¿Por qué olvidar que incluso ya en el más universal de los bestsellers: La Biblia, se hablaba del poder del dinero y de cómo corrompe el alma de los hombres?

Buena parte del “mundo civilizado democrático” se conmueve en estos días con una noticia: la mundialmente conocida IKEA supuestamente utilizó en las décadas del 70 y el 80 presos comunes de las cárceles de la Alemania socialista (RDA) y de Cuba. Y nótese que escribo “supuestamente” y lo hago porque así lo ha dado a conocer la prensa internacional.

He ahí el primer problema.

Me bastó llegar a Berlín, trabajar durante 3 meses como “Escritor Residente” en el Museo-Prisión Hohenschönhausen (antigua prisión central de la siniestra STASI) y poder consultar numerosa documentación original de los archivos, para confirmar algo que antes sólo había escuchado: los regímenes comunistas estaban dispuestos a todo con tal de mantener el poder, con tal de obtener ganancias para conservar ese poder y su accionar, en números reales, es tan siniestro como los crímenes de Hitler. Uno de los prisioneros en esa cárcel, que hoy se dedica a guiar a los turistas por toda la institución, me dijo: “saber que Rusia y sus satélites comunistas habían matado a tantas personas como el nacionalsocialismo fue para mí como un martillazo en medio de la cabeza”.

Y todo por el poder. Y el poder, a medida que han pasado los siglos en la historia de nuestra “especie superior” tiene un solo nombre: Dinero. De ahí que hoy tenga más actualidad la frase de Quevedo que en la misma época en que fue escrita.

¿Es IKEA culpable? Sí, basta sólo mirar los documentos mostrados por el periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung para saber que existieron esos acuerdos, aunque ahora mismo los dueños de la cadena IKEA pretendan negarlo.

No es una práctica nueva. Vivo en un país donde todavía los mercados están llenos de equipos modernos fabricados por las mismas empresas que construyeron para el fascismo alemán las cámaras de gas, los trenes-prisión para transportes de prisioneros y los hornos crematorios; donde cualquier ciudadano puede recibir préstamos y hacer sus gestiones financieras en bancos que financiaron a Hitler y sus campañas militares o donde cualquier ciudadano puede contratar un servicio de seguros en empresas que surgieron precisamente gracias al dinero incautado por el nazismo a los judíos o a los millones de europeos que murieron en sus países conquistados por las botas hitlerianas.

¿En qué se parecen estas empresas a IKEA?

En que han intentado ocultar su culpa, primero, y una vez que alguien ha develado el crimen, han procurado borrarlo, minimizarlo, echarle a otros la culpa del agravio, etc. E incluso estas empresas alemanas se han negado durante años a ceder sus archivos históricos para una investigación.

¿Lo han logrado? ¿Cómo es posible en tierras “supuestamente” democráticas evadir la responsabilidad jurídica y violar las normas que a otros son rígidamente exigidas por ley?

Sí, Poderoso Caballero es Don Dinero y regando dinero por todas partes suelen caer al piso incluso las acusaciones más fundamentadas. Ha sucedido en todas partes: en Rusia, lo sabemos, quienes crearon empresas que esclavizaron a sus propios ciudadanos durante más de siete décadas hoy han logrado que todo se olvide o, al menos, que a ellos, los verdaderos culpables, no los afecte ese negro pasado. Y eso mismo, no lo duden, veremos en Cuba. Basta ver todos los movimientos de acomodo que están haciendo Fidel, Raúl y los dinosaurios que gobiernan a nuestro pueblo: curiosamente los beneficiados mayores de esos acomodos en sitios de poder económico y financiero son los descendientes de esas familias que han perpetrado el poder en Cuba durante estos más de 50 años. Esos, nadie lo dude, serán los poderosos del mañana “supuestamente” democrático que vivirá nuestra isla.

Estoy convencido de que los cubanos no podrán tener acceso a mucha documentación de los horrores que ellos han cometido, porque los represores cubanos han estudiado mucho los “errores” de sus maestros de la STASI alemana y la KGB rusa y, se sabe, han preparado planes para evitar las condenas que esos deslices puedan traer a ellos o a sus descendientes en ese futuro “democrático” para el cual, también ya se sabe por “fugas de información”, se están preparando.

Pero siempre algo escapa. Algo llegará a la gente. Y muchas personas tendrán muchas cosas que contar, muchas pruebas que mostrar, muchas aristas oscuras que develar sobre el “supuesto paraíso del socialismo cubano”. Y no duden entonces que se publiquen noticias escalofriantes donde los periodistas otra vez suelten la palabrita “supuestas” violaciones, “supuestos crímenes”, “supuestos convenios”, sembrando ellos mismos más dudas sobre algo a lo cual tendrían que dedicar más tiempo de investigación y no, como han hecho la mayoría ahora, ponerse a dudar de las investigaciones que han realizado otros periodistas.

A mí, sabiendo que ese Poderoso Caballero llamado Don Dinero estará siempre en medio de todo, corrompiéndolo, lo único que me queda es hacer lo que ya hice, lo que hago siempre como simple ciudadano “consumista”: un solo ejemplo, la lavadora y el refrigerador que utilizamos en casa no es fabricado por ninguno de esos cabrones asesinos que siguen lucrando con sus lujosos lavadores y refrigeradores simplemente porque muchos hoy han olvidado que una vez ellos se enriquecieron contribuyendo con el genocidio de millones de personas. Y no han pedido perdón. IKEA tampoco lo hará.