Fernando Savater y filosofía en la literatura

Por Amir Valle

Fernando Savater,EFEA sugerencia del colombiano Santiago Gamboa acabo de leer la novela Los invitados de la princesa (ed. Espasa, 2012), con la que el escritor y filósofo Fernando Savater obtuvo recientemente el Premio Primavera de Novela 2012 y, conocedor ya de algunas obras ensayísticas de este mismo autor, me resultó muy interesante descubrir en esta obra una rica trama llena de tantos matices sobre ese “ser humano” que somos como matices hay en la obra ensayística de Savater, quien además rinde (desde la estructuración misma de las historias contadas) un homenaje a dos obras singulares de la literatura universal: Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucier y El decamerón, de Boccaccio.

¿En qué se emparenta esencialmente esta novela con esas obras?

En Los invitados de la princesa, un periodista de Mundo Vasco, Xabi Mendia, tiene que cubrir el Festín de la Cultura, un congreso sui géneris que va a celebrarse en una pequeña república insular, Santa Clara, al cual han sido invitados prestigiosos intelectuales (novelistas, críticos de cine y literarios, filólogos, filósofos), entre los cuales incluso habrá un Premio Nobel. Xabi, además de ejercer como periodista, espera de este tipo de eventos otras cosas que alimenten su espíritu… y su cuerpo: una aventurilla amorosa, por ejemplo. Y no se equivoca: apenas llega, tiene la suerte de conocer a Nicolás Nirbano, escritor, ya anciano, al que admira desde hace mucho tiempo, y se enredará en un flirt con una bella dama.

Mas el azar, rebelde siempre, les juega a todos una mala pasada: la isla tiene un volcán, el Ireneo, que escupe por esos días una nube de cenizas que impide el tráfico aéreo; la presidenta y anfitriona del evento, Luz Isabel, hace saber que no podrá reunirse con los invitados hasta que el problema pase, y todos los que han conseguido llegar a Santa Clara se ven atrapados en la isla. Es precisamente esa funesta circunstancia la que permite que Xabi Mendia pueda escuchar, con una mezcla de calma, asombro y desesperación, historias que hablarán de la muerte, el amor, la verdad, los nacionalismos, la educación, la ciencia, la filosofía, la internet, la política, la religión y la xenofobia.

Xabi, sin proponérselo, tendrá la misión de ser el cronista de todas esas experiencias de vida que le permiten a Savater configurar un espejo novelado de la animalia del mundo en que habitamos: desde un crimen en una habitación cerrada en claro homenaje a obras de Agatha Christie o Edgar Allan Poe; la iniciación sexual de un joven en manos de una mujer madura, hasta una madre enloquecida de preocupación por la adicción de su hija a internet, con momentos en que parece uno estar leyendo literatura fantástica o de ciencia ficción, todo mezclado por los lances amorosos de Xavi, por la cordial relación de complicidad con el escritor Nicolas Nirbano y por sus reflexiones sobre lo que va viviendo, en medio de un ambiente tipificador de Santa Clara: la fama como paraíso culinario y el submundo acechante del terrorismo de un grupo ya venido a menos, que da sus últimos coletazos (metáfora muy curiosa y lograda que apunta de modo muy claro al grupo vasco ETA).

Lo más interesante de esta novela, además de desarrollar (repito) las tesis que el autor lleva defendiendo desde hace unas cuantas décadas, está en el humor con el que se narra, lo que convierte en novela de tesis de curiosa actualidad (en lo especial para España) a una novela que habla de intrigas y detectives, cocina y comilones, expertos en arte y filosofía o literatura, vampiros y terror, hípica y aventura… y hasta de ciertas locuras y ciertos locos, desde la mirada crítica y cáustica de diversas formas del humor (noble o hiriente): la burla, la parodia, el sarcasmo, el doble sentido, el cinismo, ofreciendo gracias a eso un espectro, tan personal como reflexivo, desenfadado, divertido e inteligente de la utilidad social de la cultura en sus más amplios significados.

Una novela que, siguiendo el camino ya trazado por su obra ensayística, vuelve a insistir en la necesidad de que dejemos nuestras máscaras, nuestras caras oscuras, nuestras imperfecciones, si queremos realmente salvar la especie humana.