"A la gente le molesta que uno haga bien dos cosas"

 

Entrevista al escritor español Juan José Millás

Por Lorenzo Rodríguez

Juan José Millás. Foto: Luis Muñoz DiezCharlamos con Juan José Millás (Valencia, 1946) acerca de la publicación de sus Articuentos Completos en la editorial Seix-Barral.

 

El libro se llama Articuentos Completos y recoge unos seiscientos pero no están todos…

No. Hubo una criba que tuvo dos partes. La primera consistió en eliminar todos aquellos que estaban ligados a una actualidad que hoy los haría incomprensibles. Todos los articuentos que se han publicado son intemporales. Y en la segunda parte quité los articuentos con los que no estaba plenamente satisfecho. Tuve discusiones con la editora porque ella hubiera dejado más, pero yo preferí que esto fuera una especie de sedimento de lo mejor que me ha salido en estos años.

 

Según dice en el prólogo, ha quitado aquellos articuentos que ya no le conmovían.

Sí. Aunque estuvieran formalmente correctos habían dejado de conmoverme.

 

Son muchos años de trabajo.

Pues sí. Yo llegué tarde al periodismo, después de haber escrito unas cuatro o cinco novelas. Empecé en los años 90, así que son veintidós años de trabajo.

 

En los articuentos se asocian dos conceptos que aparentemente nada tienen que ver. ¿Qué otras características debe tener un articuento?

No tengo ninguna poética. No tengo plantillas ni normas. Es un híbrido que nace de mezclar dos géneros: el artículo y el cuento. Y de este mestizaje sale este artefacto extraño. Al principio lo hice con cierta reserva porque el periódico es un medio de comunicación de masas cuya vocación es llegar al máximo número de gente posible. Así que experimentos pocos, pero dio la casualidad de que éste funcionó. Quizá porque el lector estaba algo cansado de un artículo estándar, y yo de repente me metía mucho en la vida cotidiana, en cuestiones de orden familiar, produciendo extrañeza sobre lo que parece normal. Es el territorio que más me interesaba. Empecé a meter el dedo ahí y fui cultivando esto que se reconoce como un género en sí mismo.

 

Eso está en Larra.

En español hemos tenido un periodismo literario buenísimo. No sólo Larra, también Corpus Vargas, Cunqueiro, el mismo Clarín… Tenemos una tradición muy importante de escritores en literatura que escribían en periódicos. Sin duda mis textos están en esa tradición. Yo tuve el acierto de llamarlo articuento. No me parecía una palabra bonita pero sí exacta. La palabra hizo fortuna y ha quedado institucionalizada.

 

No sabía si la palabra era suya o de Fernando Valls.

No, no, la palabra es mía.

 

Lorenzo Rodríguez y Juan José Millas. Foto: Luis Muñoz DiezLos orígenes de Tonto, muerto, bastardo e invisible, No mires debajo de la cama y El mundo, por ejemplo, podrían  estar en el articuento. ¿Le ha servido éste como campo de experimentación a la hora de elaborar sus novelas? 

Todos los territorios se enriquecen de los hallazgos de los otros territorios. Del mismo modo que estos articuentos deben mucho a mi literatura, mi literatura debe mucho a estos articuentos. ¿En qué grado? Eso es imposible de medir. Hay unos vasos comunicantes y un trasvase continuo de materiales entre mi actividad como novelista y como periodista. Y no sólo como autor de articuentos sino sobre todo como autor de reportajes. El reportaje es un género muy cercano al relato. Los materiales que lo componen deben estar muy bien relacionados entre sí.

 

Su literatura es muy identificable. Basta leer una de sus páginas para saber que el autor es Juan José Millás.

Yo lo siento así porque mucha gente me lo dice. Incluso se utiliza el adjetivo millasiano. Un estilo y una voz propia es la ambición de cualquier escritor.

 

Una mirada.

Sí, eso es lo que cualquier escritor busca desde que empieza. Una voz que se diferencie de las demás. Del mismo modo que uno identifica la pintura de Modigliani.

 

Cito una frase suya: “Vivimos más pendiente de los irreal que de lo real”.

Creo que lo irreal forma parte de lo real e influye más que la propia realidad. Tendemos a crear compartimentos estancos. Aquí acaba una cosa y aquí empieza otra. Y eso es un error. El trasvase de materiales entre un mundo y otro es tremendo y lo irreal tiene un peso enorme sobre lo real. Somos el resultado de nuestros sueños, de nuestras ambiciones, de nuestros deseos. Todo eso que fantaseamos en el metro va a modificar nuestra vida real. Lo real es el resultado de lo irreal.

 

Los sueños nos dicen cosas.

Sin duda alguna.

 

¿Por qué en España apenas existe el género fantástico?

No sabría dar una explicación sociológica ni literaria. No tengo ni idea. Es un país muy apegado al realismo y cuando se sale de él es mediante experimentos que nada tienen que ver con lo fantástico. Es un género muy difícil. Si a cualquier relato se le exige una lógica interna muy sólida a un relato fantástico esa lógica tiene que estar multiplicada por dos o por siete.

 

En una ocasión me dijo que España era un país tristemente realista.

Sí, es verdad.

 

El humor también es muy difícil de cultivar y es otro de los rasgos de su obra.

Es un efecto secundario, no está en mi intención. Yo digo que es como esas medicinas que te quitan el dolor de cabeza pero te provocan calambres. Es un efecto secundario de los recursos que utilizo para acercame a la realidad que son la paradoja y la ironía. Yo resulto humorístico a mi pesar, en muchas ocasiones.

 

Los articuentos tienen tres partes diferenciadas.

Lo comparo con la estructura del insecto, que es el animal más perfecto de la creación. Es el único que resistiría a un ataque nuclear. Suelen tener tres párrafos: la cabeza, el tórax y el abdomen.  En la cabeza se produce el deslumbramiento, la idea germinal. Luego esa idea respira en el tórax y luego el abdomen, que es donde se hace esa digestión.

 

Escribe antes de desayunar, con el estómago vacío.

Lo primero que escribo son las cosas más personales. Una novela, un monólogo para el teatro, a veces un reportaje…

 

Está escribiendo una novela.

No, ahora estoy con un reportaje muy complicado sobre Japón para El país. Tengo notas para una novela pero no tengo prisa.

 

A veces se dice que el periodismo le ha perjudicado en su literatura pero déjeme decirle que El mundo y Lo que sé de los hombrecillos me parecen dos de sus novelas más redondas.

Esto es algo obligado. A la gente en general le molesta que uno haga bien dos cosas o que uno se divierta haciéndolas. No hago mucho caso.

 

¿Qué ha aprendido del periodismo?

El periodismo me ha enseñado muchas cosas. Una de ellas es fundamental: la economía del novelista. La concisión, la precisión del bisturí… En una columna si sobran líneas se nota mucho. Me ha dado oficio, me ha dado disciplina, eficacia.

 

De todos modos sus novelas siempre han sido poco extensas.

Sí, soy un autor de medio aliento. Lo que se puede decir en un párrafo lo he dicho en uno y no en dos.

 

¿Qué autores de ahora le interesan?

Soy un lector muy desordenado. Ahora estoy leyendo El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura, un escritor muy interesante.